Trauma

Vivir un trauma psicológico puede crear secuelas emocionales que se sienten y afectan mucho tiempo después del evento. Algunos síntomas son: insomnio, imágenes recurrentes, consumo de sustancias, ataques de ansiedad, evitación de lugares o situaciones, etc.

Las técnicas que más eficacia muestran para el tratamiento del trauma son aquellas que trabajan con las emociones y las sensaciones corporales. Hay que trabajar con el inconsciente de la persona para desbloquear lo que quedó «atascado» a raíz del evento traumático.

Técnicas como el EMDR (siglas de Eye Movement Desensitization and Reprocessing), el IFS (Sistema Familiar Interno) o la terapia corporal son las que mejor resultados obtienen en el tratamiento del trauma.

El apego es un sistema innato del bebé que nos motiva a la búsqueda de la atención y la protección por parte de los cuidadores.

A través de la relacional terapéutica, podemos reparar problemas de apego y que así, la persona se relacione con el mundo de una manera más sana y segura.

La disociación es una secuela del trauma que produce una desconexión de la identidad, las emociones, los pensamientos y actos en la persona.

Es importante trabajar en terapia para la integración del mundo interno de la persona. Ya que, a más trauma, más desintegración.

Hablamos de trauma complejo cuando la persona ha estado expuesta a sucesos traumáticos reiterados y durante un tiempo prolongado.

Los más comunes son la violencia doméstica, la negligencia familiar, el abuso sexual infantil, el maltrato, etc.